22 de agosto de 2026
La manera en que Ciudad Juárez diseña sus calles, transporte y espacios públicos puede tener un impacto directo en la salud y calidad de vida de sus habitantes, advirtió el especialista Sergio Andrade Ochoa durante una conferencia organizada por el Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP).
Durante la presentación de “Políticas salutogénicas en movilidad urbana”, Andrade Ochoa planteó que la salud no debe analizarse únicamente desde las decisiones individuales, sino también desde las condiciones que enfrentan las personas todos los días al vivir, caminar, trasladarse y utilizar los espacios públicos.
El especialista en movilidad, seguridad vial y salud urbana explicó que el enfoque salutogénico busca pasar de una visión concentrada en atender enfermedades a otra que genere entornos capaces de favorecer y conservar la salud.
Bajo esta perspectiva, calles, banquetas, viviendas, transporte y áreas públicas deben diseñarse considerando no solamente el flujo de vehículos, sino las necesidades de peatones, ciclistas y usuarios del transporte público.
Uno de los principales cuestionamientos durante la conferencia estuvo dirigido al modelo urbano que privilegia al automóvil. Andrade Ochoa explicó que ampliar constantemente la infraestructura para vehículos puede generar el llamado tráfico inducido: más vialidades pueden incentivar un mayor uso del automóvil sin solucionar de fondo los congestionamientos.
También relacionó el modelo de movilidad con la contaminación atmosférica y señaló que una mayor cantidad de desplazamientos motorizados puede incrementar las emisiones. Como referencia, recordó que durante la pandemia, cuando disminuyó considerablemente el tránsito vehicular, diversas ciudades registraron mejoras en la calidad del aire.
Una ciudad que obliga a usar el automóvil
El crecimiento urbano también fue señalado como un factor que incrementa la dependencia del automóvil. Cuando las viviendas, servicios y empleos se encuentran cada vez más alejados, las distancias aumentan y con ellas los tiempos y costos de traslado.
Andrade Ochoa advirtió que esta situación puede profundizar las desigualdades, especialmente entre quienes viven lejos de las redes de transporte público masivo y deben invertir más recursos y tiempo para desplazarse.
Frente a este panorama, propuso ampliar las opciones disponibles para que las personas puedan caminar, utilizar bicicleta o recurrir al transporte público en condiciones seguras y accesibles.
El especialista destacó que una red de transporte conectada, banquetas amplias, arbolado y condiciones adecuadas de accesibilidad pueden hacer que más personas consideren dejar el automóvil en casa.
Durante su exposición también presentó ejemplos de Pachuca y Puebla, donde algunas intervenciones destinadas a peatones y ciclistas terminaron generando obstáculos de accesibilidad o elevados costos de mantenimiento.
Estos casos, explicó, muestran la importancia de diseñar infraestructura a partir de las necesidades reales de quienes utilizan la ciudad.
Movilidad como asunto de salud pública
Andrade Ochoa sostuvo que las políticas de movilidad deben crear condiciones que faciliten decisiones seguras y saludables, en lugar de responsabilizar exclusivamente a las personas por sus hábitos de desplazamiento.
La conferencia formó parte de las actividades vinculadas con el Consejo de Movilidad y buscó abrir nuevos espacios para que la ciudadanía participe en el análisis y toma de decisiones relacionadas con el desarrollo urbano.
El director del IMIP, Roberto Mora Palacios, destacó que la actividad surgió a partir de una propuesta ciudadana y forma parte de una estrategia para fortalecer el vínculo entre la población y las instituciones encargadas de planear la ciudad.
Con este tipo de encuentros, el IMIP busca incorporar nuevas perspectivas al debate sobre movilidad y avanzar hacia un modelo urbano que considere simultáneamente seguridad, accesibilidad, salud y calidad de vida.